domingo, 23 de diciembre de 2012

Navidades no tan felices.

Es así, lo confieso. Estas navidades no están siendo lo que esperaba. Lo único que hago es gastar mis energías en lágrimas inútiles que me dicen que no estoy bien, aunque intente escapar de esa tisteza que nunca me abandona. No dejo de darle vueltas a miles de cosas y, como siempre, la relexión es mi peor enemigo. El caso es que probablemente tenga una mente retorcida, una parte "maligna" que está en lo más profundo de mi ser y me retiene contra mi voluntad en un mundo sombrío, sin esperanza. No alcanzo a ver la luz, todo me parece una falsa ilusión que tarde o temprano se desvanecerá. Sí, por supuesto que hay momentos en los que me olvido de todo y disfruto todo lo que puedo de lo bueno que la vida me regala, pero aún así es imposible abandonar la preocupación, las noches en vela, las lágrimas gastadas y el miedo a perderlo todo.
Bipolar. Esa es la palabra. Paso de estar bien a sentirme fatal, con un nudo en la garganta del que me desahogo a escondidas, por no preocupar a nadie más. Pero ya no aguanto más, estoy harta de llorar, de sentir soledad y melancolía.
Parecerá que es mentira, pero, a pesar de todo, me encanta la Navidad, y que ésta no esté siendo de las mejores no me va a derrumbar. Tengo claro que yo no soy así de pesimista. SOY alegre, optimista y tengo un gran espíritu navideño, así que supongo que de algún modo saldré adelante. Si no lo consigo, que nadie diga que no lo intenté.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Presión.

Parece que no merezco ni un momento de felicidad, un descanso que me aparte aunque solo sea un instante de todos los problemas. No entiendo esa manía de presionar hasta más no poder, esos recordatorios diarios, cansinos, sobre el mismo tema, que a medida que pasa el tiempo me desilusiona más. ¿Por qué tienen que tener tanta prisa?¿Por qué se empeñan en acortar más y más mi vida aquí? Sé que no es culpa suya, que hacen lo mejor para mí, pero no es necesario "regodearse" en ello cada vez que pueden. ¿Es que no entienden que eso duele, que me destroza por dentro?
¿Y qué  puedo hacer yo?¿Rebelarme?¿Enfadarme?¿Negarme a acepatar la realidad? No puedo hacer nada, excepto resignarme, aceptar que mi mundo fantástico se desvanece por momentos y que no puedo evitarlo por más que quiera.
Eso sí, que quede claro que no escribo esto para hacerme la víctima ni para que sientan lástima por mí. No hace falta ni que se preocupen. Esto es algo que tarde o temprano tenía que pasar, y sé que tendré que aprender a vivir con ello, por mucho que me cueste. Qué se le va a hacer, no todo en la vida puede ser bueno, y esperar que todo sea de color rosa sería de estúpidos, estúpidos como yo.

sábado, 15 de septiembre de 2012

El miedo es mi peor enemigo.

Es medianoche. Como todos los días, me dirijo a mi cama con la esperanza de conciliar el sueño fácilmente, aunque presiento que la noche no será para nada tranquila. Espero y espero, pero gracias a mi complejo de "pesimista", empiezo a pensar, demasiado diría yo... Poco a poco me invaden las preocupciones, y la noche se convierte en una pesadilla. ¿Cómo puede ser que vuelva a lo mismo? Después de un verano sin tener que preocuparme por nada, de aprender a disfrutar y vivir al máximo, mi  estúpida conciencia me juega una mala pasada otra vez. Lo primero que me viene a la cabeza es la inminente "vuelta al cole", a las tareas, los exámenes, las interminables horas de trabajo, alguna que otra compañía indeseable y, sobretodo, mucho estrés. De la mano vienen dos "hobbies" que, en lugar de animarme y ayudarme a desconectar de todo lo demás, me hacen sentir una gran responsabilidad, una carga más que no necesito. Y es que lo que me pasa es que tengo miedo a fracasar, a no poder cumplir con mis objetivos y fallar en el intento. No soy precisamente lo que yo llamo una superheroína, alguien que puede con todo, que no se asusta ante los nuevos retos.
De ahí pasamos a un miedo más grande que todo esto junto: el miedo a marcharme. Sé que no debería pnsar en esto, porque a nadie le hace ningún bien, pero admitámoslo, es algo que está presente y que no desaparecerá por mucho que lo evitemos. Me siento culpable y egoísta, y en cierto modo, lo soy. No quiero irme, lo confieso, ni siquiera soy capaz de admitir que pueda llegar a pasar. No quiero que mi vida aquí acabe, no quiero dejar esto atrás, no quiero empezar de cero, no quiero olvidar... NO QUIERO. Sí, ya sé que el futuro de mi familia, o incluso el mío, no encuentra una salida a esta situación. Sé que la gente que me quiere me necesita a su lado, y es injusto estar tan lejos de ellos. También sé que mis padres sacrifican mucho por aguantar más tiempo, porque ya no se sienten tan bien como antes, porque ya no están felices y su felicidad peretenece a otro lugar. Todo eso se me pasa por la cabeza, mientras unas silenciosas lágrimas caen por mis mejillas.
 
Llegado a este punto me siento agotada, sin ganas de intentar sonreír o esforzarme en ver el lado positivo. Pero, gracias a Dios, aquí estás tú, mi "ángel de la guarda", para salvarme de caer en un enorme abismo de lamentaciones y tristeza. Tú, y sólo tú, eres capaz de que vuelva a levantarme y luchar por lo que quiero. Me sonríes y me dices al oído que todo irá bien, que tengo las fuerzas necesarias para salir adelante y triunfar en todo lo que me proponga. Me dices que es cierto, el camino será dificil, pero que basta con recordar por lo que me estoy esforzando para sacar las fuerzas de donde no las había, y así superar hasta los obstáculos más crueles. Gracias a ti he recordado que siempre tenemos una opción, y que los verdaderos ganadores son los que consiguen descubrirla y se levantan después de haber caído una y otra vez.
 
"Nada en este mundo es gratis. Si sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces, nadie lo hará por ti".
 
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         "No dejes que tus miedos tomen el lugar de tus sueños".
 

sábado, 25 de agosto de 2012

Memories.


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¿Qué son los recuerdos?, me preguntaba hace un par de noches, mientras buscaba la magia de la noche en la oscuridad de mi habitación.
Tal vez fragmentos de una historia contada, ajena o cercana a mí, hechos que alguna vez formaron parte de mi vida, hojas de un libro ya contado, ya leído, ya vivido.
Eso que muchas veces, queremos desaparecer, olvidar, borrar todo rastro o huella, o que dejen evidencia de su existencia.
Pero los recuerdos están ahí, atesorados en tu corazón, apretujados en tu mente, escondidos en tu alma. Aquellos, que en más de una ocasión, sacaron una lágrima tuya, o te regalaron una sonrisa.

Eso es lo que más miedo me da. Si los recuerdos son inolvidables precisamente por lo que son, ¿cómo es posible que empecemos a olvidarlos? Se supone que los mejores son los que no quieres olvidar nunca pero, a veces, sin motivo aparente, se desvancen, se pierden como nubes en el cielo. Y lo peor es que dejan un vacío en nuestro interior, un abismo profundo al saber que sólo son recuerdos, y que jamás volverán a suceder, porque fueron segundos, minutos, horas, días... suspendidos en la cápsula del tiempo.
De hecho, los recuerdos son lo único que nos queda cuando todo acaba, y nos convierten en lo que somos, forman parte de nuestro ser y nos acompañan en cada capítulo de nuestra particular historia. Es por ello por lo que no quiero olvidar; no quiero perder una parte de mí, una parte que vale la pena guardar en mi corazón y merece formar parte de un capítulo sin fin. Y entonces te preguntarás... ¿cuál es el problema? El problema es que cuanto más intento recordar lo mejor que me ha pasado en la vida, más detalles se me olvidan, y no es para nada justo. Tengo miedo de llegar a olvidarlo por completo y, lo que es peor, de que esto se convierta en una maldición, una maldición que me haga olvidar todo lo bueno que me ocurra, todo aquello que merece ser grabado en lo más profundo de mi ser.
No, me niego a aceptar que eso pase, que después de todo lo que he luchado, sufrido, después de todos los altibajos, complicaciones, obstáculos y demás... me quiten uno de los tesoros más preciados que tengo. Nada ni nadie, pase lo que pase, conseguirá borrar esto de mi mente, y empezaré por acaptar que no son los detalles lo más importante, sino saber  lo que te hizo sentir y que, después de todo, valió la pena.
 
Porque los recuerdos son aquellos que jamás se olvidan, que se quedan impregnados con tinta imborrable para nunca salir de la memoria del corazón.

viernes, 17 de agosto de 2012

Un cuento de hadas hecho realidad.


Me alegra saber que todavía quedan chicos así, tan sinceros, románticos y especiales. No todo está perdido.

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¿Cómo te sentirías si todo el mundo te estuviera presionando, si criticaran lo que haces, lo que no haces, si pareciera que nada te sale bien, que eres inútil o que no das más que problemas?
Estoy harta de que hasta la gente que más quiero determine cómo soy, cómo tengo que ser... Simplemente soy yo, con mis virtudes y defectos, eso lo tienen que aceptar, no deben intentar cambiarme, porque no funcionaría. Esas virtudes y esos muchos defectos me hacen ser quién soy, y no los cambiaría por nada del mundo. Si me quieren castigar por ser Natasha, adelante, pero que les quede claro que me siento orgullosa de mí misma y que nunca encontrarán a nadie como yo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Magia en el aire

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Dicen que la noche más insignificante puede convertirse en la más especial de tu vida en tan solo unos instantes. Pero eso sí, depende de la persona con la que compartas ese momento; tiene que ser alguien que signifique mucho para ti, si no es así, la magia no será tan eficaz. Yo, sinceramente, sigo esperando a que llegue esa noche.